Se conocían por "mandas" a las últimas voluntades de los moribundos. En ellas expresaban a sus cabezaleros o albaceas las disposiciones, gustos y promesas que deseaban que se realizasen después de su fallecimiento respecto a:
el hábito que vestirían de mortaja (el más utilizado fue el de San Francisco)
las misas, cabo de año y honras fúnebres que se les iba a hacer
la sepultura de la iglesia en donde iban a ser enterrados
el acompañamiento de curas y cofrades que les iban a acompañar en el sepelio, etc.
Las dos mandas más importantes fueron:
la ofrenda del añal
y la ofrenda de candela.
La ofrenda del añal consistía en que un familiar del finado llevase sobre la sepultura de la iglesia una cantidad de trigo en robos o fanegas, o una torta de pan.
Y la ofrenda de la candela consistía en depositar sobre la sepultura una vela gorda o cirio que colocaban en el hachero.
Otras mandas de difuntos fueron dar de comer y vestir a cierto número de pobres, vestir imágenes de santos, redimir cautivos, hacer donaciones, entregar trigo al Arca de la Misericordia, aceite para las lámparas de la iglesia, legar bienes a las cofradías, fundar capellanías, etc.
Tuvieron especial importancia las donaciones de trigo realizadas al Arca de la Misericordia, institución benéfica o caja de provisión agrícola, cuya misión era repartir entre los pobres necesitados unos robos o fanegas de trigo para que pudieran sembrar en septiembre y remediasen el hambre en el mes de mayo. La de Moreda fue fundada en 1592 por el cura D. Pedro Fernández de Oyón con 55 robos de trigo. Administraba el arca el Mayordomo de la Misericordia y el reparto corría a cargo del cura y del alcalde. El trigo se guardaba dentro del arca y ésta en la Casa de Misericordia.
Texto de José Ángel Chasco Oyón sacado de la revista Berberana nº 144 de Octubre 2008


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